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Nacer de la tragedia

Sobre Nos hicieron noche

Por Sandra Ramírez

10 ago 2022

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Rebeldes e insumisas, un día de 1974 las olas del mar trascendieron a un ciclón que pareció terminar con la comunidad que las rodeaba, la población de Charco Redondo. Más que eso, de aquel devastador acontecimiento nació San Marquitos, una comunidad ubicada en la Costa Chica de Oaxaca.

A pesar de la fortaleza de su origen, San Marquitos no está reconocido oficialmente, es un territorio invisible en los mapas; no así para sus habitantes, quienes crean y sostienen tradiciones para darle color al pueblo. A través de la danza, el canto, la medicina tradicional, el pastoreo de borregos y otras actividades, llevan a flote un territorio desapercibido en los planos, un hogar que se originó de la incertidumbre de imaginar todo perdido.

Rupturas amorosas, el velatorio de un cuerpo y los novenarios del mismo, así como diversas festividades a las que se une el pueblo, son algunas de las actividades que también son retratadas a través de la cámara.

Tan tenaz como el mismo mar, en San Marquitos crece Adonis, un infante delgado y decidido que está bajo el cuidado de Romualda Tello, su abuela. Nos hicieron noche sigue de cerca la vida de Adonis, quien se niega a ser parte de las tradiciones del pueblo, al tiempo que su abuela se esfuerza por educarlo y motivarlo para que se involucre, sobre todo, en la danza tradicional, la danza de los Diablos.

Romualda Tello, quien además de al cuidado de Adonis dedica su vida a ser rezadora del pueblo, tenía 15 años cuando las olas del mar cubrieron lo que ella conocía como su comunidad. Ese día, asegura, “fue una tragedia muy triste, muy fea, a los años que tengo yo, no había visto un aguacero como el que pasó en el año del 74”.

Ella es la primera en contar su perspectiva del hecho, luego, se suma a un mosaico de voces que reconocen que antes del ciclón la vida era otra. Si ahora San Marquitos es un territorio lleno de naturaleza y sostenido por esta, antes los sembradíos y animales propios eran para cada familia su fuente de alimento y trabajo. Bastaba el agua del río para saciar la sed o la carne de algún animal de granja para solucionar la comida del día, ahora, dicen, eso ya no existe.

Rupturas amorosas, el velatorio de un cuerpo y los novenarios del mismo, así como diversas festividades a las que se une el pueblo, son algunas de las actividades que también son retratadas a través de la cámara.

Este documental cuenta la historia de San Marquitos, pero también pone el lente sobre la dinámica comunitaria que se genera en territorios pequeños donde todas las personas habitantes se conocen entre sí, se miran como iguales y se reconocen por sus habilidades, actitudes y necesidades. A la par, registra el amor familiar entre una abuela y su nieto, un cariño que se muestra a partir de pequeños actos como el cuidado en la enfermedad.

Adonis, ansioso por hallar su identidad más allá del molde impuesto, transgrede las normas establecidas en este espacio que se esfuerza por hacerse notar aunque su presencia parezca invisibilizada. Su abuela, que ha visto a San Marquitos nacer desde antes de la llegada del ciclón, almacena en su memoria y en su cuerpo decenas de historias que avalan el origen del pueblo. Al narrarlas, no solo busca transmitir la importancia del suceso, sino cautivar a que las almas más jóvenes continúen defendiendo y adorando el territorio que pisan.

Antonio Hernández, el director, captura a través de la imagen de las mujeres, las flores, la comida, el baile, la cerveza y los fuegos artificiales la esencia de San Marquitos. Muestra la conexión y el devenir de los cuerpos que danzan y se observan en medio de un pueblo que nació de lo que pareció ser una tragedia.

Una cámara compañera que sigue los pies, las manos, las sonrisas, los rostros de incertidumbre, las bocas que cantan y las piernas que bailan. Una historia de resistencia que se cuenta a través de sus habitantes, de la tierra y el mar mismos.

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