Experimental

La caída de las Marías: un génesis alternativo

Reseña de Las pervertidas

Por Cecilia Torres

24 feb 2017

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La increíble directora checa de cine de vanguardia, Věra Chytilová, relumbra a través de su creación cinematográfica experimental y surrealista, prohibida por el gobierno comunista checoslovaco en los años 60. Las pervertidas, con su hipnotizante mezcla de imágenes, sonidos y uso de color experimentales, transforma sus escenas esporádicas en un testimonio de su época.

Considerado un filme principal en torno al feminismo y a la anarquía aún más de 50 años después de su concepción, es el paradigma de una obra intemporal que supera su propósito original y se transforma en una experiencia diversa y única en cada encuentro. Lo que distingue a Las pervertidas es su trama no lineal y en ocasiones absurdamente fantástica, lograda por sus montajes artísticos y la miríada de situaciones cómicas con las que se enfrentan las protagonistas, que en esencia y práctica resiste la autoridad y las normas narrativas. Chytilová construye una red y estratégicamente coloca cada hilo de experiencias visuales y auditivas que en conjunto esconden un propósito complejo y político; entreteje un discurso, destinado al estado de aquel entonces, sobre la sociedad gobernada por el dominio comunista.

Las Marías embarcan en una serie de aventuras maravillosas.

Quizás, a primera vista, el estilo surrealista de la película disuadirá a los espectadores más convencionales, pero al analizar los significados del filme más allá de lo superficial, llegamos a la conclusión de que cada escena es compuesta de elementos simbólicos, alegorías modificadas, y críticas políticas que pueden ser aplicadas a la época en la que fueron concebidas, a nuestra época actual o a una época futura.

Chytilová logra ofrecernos una crítica sobre un tema tan complejo y polémico como el comunismo con la gracia de su humor y arte, y lo transmite de una manera accesible para su público. Empieza por presentarnos a las dos Marías, únicamente cubiertas con sus bikinis, pérdidas en una conversación filosófica y existencial sobre el mundo desgraciado y su propósito dentro de él. Los movimientos de marioneta que las bellas jóvenes exageran son acentuados por chirriantes sonidos no diegéticos que aluden al argumento de que no son más que unas hermosas títeres de la sociedad.

Las Marías deciden convertirse en malas en el proceso, desafiando los estándares sociales establecidos para ellas.

Así comienza su caída a un paraíso tecnicolor en donde comen de un árbol prohibido de duraznos, iniciando su deleite perpetuo. Hombro a hombro, las Marías embarcan en una serie de aventuras maravillosas en las cuales retozan por los sentimientos de los hombres, malgastan montones de comida y a la vez comen vorazmente, participan en actividades “inapropiadas” para un par de damas y, en el proceso, disfrutan campantemente de su juventud. El genio increíble de dirección cinematográfica de Chytilová se encuentra en su capacidad de incorporar múltiples clímax y conclusiones para su audiencia y, de esta manera, crea una obra maestra que funciona como arte subversivo en múltiples planos.

Ningún elemento, ya sea narrativo, visual, auditivo, artístico, alegórico, simbólico o político, se presenta de manera directa en su filme. Al contrario, cada experiencia es como las travesuras de las adolescentes Marías: cautivadoras y desastrosas, pero a la vez respaldadas por un profundo, doble significado. Chytilová nos recuerda su intención cuando, al final del filme, dedica Las pervertidas “a todos aquellos cuya única fuente de indignación ha sido pisoteada por nimiedades”. Con estas palabras finales nos indica que si nuestro único entendimiento de Las pervertidas fueron los platos rotos y la comida estropeada, hemos sido incapaces de encontrar el significado profundo, es decir, el sistema sociopolítico que trata de revelar.

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