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Latinoamérica

Los ofendidos

Reseña del documental

Por Cecilia Torres

21 mar 2017

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¿Qué pasa cuando los perpetradores obligan a sus víctimas a perdonarlos por un crimen que aún no han reconocido y que ya han olvidado? Marcela Zamora se los recuerda. Los ofendidos trae a la luz las experiencias de dolor y fortaleza de los sobrevivientes que no están incluidos entre las 75 mil personas masacradas durante la Guerra Civil de El Salvador, entre 1979 y 1991, de las cuales 80% eran víctimas civiles. Zamora eleva las voces que han sido silenciadas por un gobierno que preferiría, en palabras de Alfredo Cristiani, presidente de El Salvador (1989-1994), hacer “un borrón y cuenta nueva”, en lugar de admitir los crímenes innumerables del gobierno militante contra el pueblo de El Salvador.

A sus 33 años, la madre de Zamora le revela que su padre fue torturado por 33 días a manos de la policía salvadoreña y, a sus 35 años, después de la muerte de su madre, Zamora decide romper el silencio y preguntarle a su padre qué vivió durante esos días.

Su padre le urge que busque las voces de otras víctimas y Zamora se embarca en un viaje de sufrimiento, impotencia, resistencia y lucha.

Los íntimos testimonios de las personas torturadas por la Guardia Nacional, dirigida por el General Eugenio Vides Casanova, conmueven a los espectadores hasta sentir completa solidaridad y producen una gran indignación, pero lo más sorprendente es que estos torturados y torturadas no piden venganza, solamente piden reconocimiento y responsabilidad. El testimonio del Dr. Romagoza podría conmover hasta el corazón más endurecido, hasta el corazón de su torturador. Aprendemos que cuando se le presentó la oportunidad al Dr. Romagoza de tratar a su torturador, él le ofreció el cuidado médico que le daría a cualquier otra persona. El perdón absoluto es lo que liberó al Dr. Romagoza de su trauma, pero su torturador nunca pudo perdonarse, él vivió sin paz. Después, la voz del Dr. Romagoza nos recuerda que, aún frente al tormento que vivió, su pasión por ayudar a los necesitados y por promover la ideología de justicia y humildad permanece dentro de él: “lo que me quisieron sacar, no pudieron sacarlo”.

Los testimonios producen una gran indignación.

Los testimonios producen una gran indignación.

Estos testimonios son respaldados por los mismos torturadores. Zamora encuentra a un hombre que elige ser anónimo, para proteger su vida y reputación, poniéndose un velo que se transforma en una capucha blanca cuando se lo coloca sobre la cabeza. Zamora le pregunta sobre el papel que llevó a cabo durante la guerra en El Salvador. El torturador habla de esa época en su vida como si estuviera comentando sobre un trabajo común, sin remordimiento ni culpa. Cuando le pregunta si las acciones de terror en las que fue involucrado pueden ser justificadas, el torturador comenta con un simple, “si yo hice algo malo, no tuve la culpa yo… no hice algo incorrecto”. De este modo, negando la responsabilidad que tuvo y su libre albedrío, el torturador continua ejerciendo su papel de torturador, pero esta vez es torturador de sí mismo y el velo blanco, al cual se aferra, es su capucha personal y eterna.

“Si yo hice algo malo, no tuve la culpa yo… no hice algo incorrecto”

“Si yo hice algo malo, no tuve la culpa yo… no hice algo incorrecto”

Al final del filme, Zamora nos deja con la reflexión a la que llegó en el proceso de realizar Los ofendidos: por fin entendió la lucha de su padre y reafirmó la suya; a la vez, con este documental, reafirma la de nosotros, los espectadores, los testigos. Zamora nos muestra las ofensas y ahora es nuestra responsabilidad difundir la verdad y luchar para que no se repitan.

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