Conflictos sociales

Mexicanos al grito de guerra

Reseña de Guerrero

Por Ma. Cristina Alemán

20 mar 2017

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Parecería que Guerrero, el documental de Ludovic Bonleux, no tiene nada nuevo que contar. Cualquier mexicano medianamente informado debería estar al tanto de las desapariciones forzadas, de la complicidad de las autoridades gubernamentales con el crimen organizado, de la corrupción que permea nuestra clase política y del terror que domina gran parte del país. Pero una cosa es estar enterado –leer los periódicos o darle clic a algunos enlaces en las redes sociales– y otra es verlo de cerca, de verdad verlo. Con cámara en mano y sin intervenir en la acción, Bonleux le otorga caras y nombres a los personajes que vemos en las noticias, esos que toman edificios municipales y cierran carreteras, y así nos obliga a salir de nuestra cómoda indiferencia.

Bonleux nos acerca a los personajes que vemos en las noticias.

Bonleux nos acerca a los personajes que vemos en las noticias.

Las mantas de propaganda política, por ejemplo, son un elemento tan común de nuestro paisaje que rara vez reparamos en ellas. Sin embargo, cuando la cámara de Bonleux nos muestra los carteles llenos de promesas vacías y rostros sonrientes cubriendo casas sin terminar, calles sin pavimentar y otras construcciones en evidente deterioro, es difícil ignorarlos. La propaganda se transforma en un símbolo poderoso: las elecciones son un simulacro, los partidos cubren la miseria con mantas coloridas pero no resuelven nada, lo podrido permanece.

Así, sin mostrarnos nada que no hayamos visto antes, el lente del documentalista nos permite observar la situación con una nueva claridad, sin el filtro de lo cotidiano.

A través de tres personajes principales, el documental pinta un retrato de lo que está sucediendo en el estado de Guerrero tras la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. También podemos vislumbrar lo que ha pasado antes y, posiblemente, lo que está por venir. Porque, y esto es lo primero que tenemos que asumir, “Ayotzi vive, la lucha sigue y sigue”; puede ser que en nuestros feeds de noticias Donald Trump le haya arrebatado los titulares a los 43, pero esto no quiere decir que el conflicto esté resuelto. En Guerrero conocemos a Coni, una activista experimentada que forma parte del Frente Unido para la Seguridad y el Desarrollo del Estado de Guerrero (FUSDEG), un movimiento comunitario –armado– en contra del crimen organizado; a Juan, un miembro activo de la FUSDEG que arriesga su vida por la causa, pero que está convencido de que “si no hacemos nada, es más peligroso”; y a Mario, quien busca los restos de su hermano desaparecido y, en el proceso, se encuentra con muchos cadáveres más.

Miembros de un movimiento comunitario en contra del crimen organizado.

Miembros de un movimiento comunitario en contra del crimen organizado.

Bonleux nos genera empatía por estos personajes, pero no oculta que el problema es complejo: los mismos activistas suelen estar en desacuerdo; la FUSDEG surgió de otro movimiento con el que ahora está en conflicto (la UPOEG); y la rabia de la gente que apoya al movimiento es tanta que se sale de control, se comportan de manera impulsiva y violenta. Tampoco nos deja olvidar lo horroroso de la situación, las fosas que se descubren todos los días en la sierra, las miles de personas secuestradas, torturadas y asesinadas, y el dolor de sus familiares. En Guerrero los cadáveres calcinados se exhiben en la plaza pública y los niños están acostumbrados al olor a muerte, y eso no lo publican en los periódicos.

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