No soy tu negro

Reseña de No soy tu negro

Por Ariana Akbari

12 abr 2017

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James Baldwin es un experto cuando se trata de comunicar, con su voz única y inteligente, la experiencia de los hombres negros en el mundo occidental. En un discurso pronunciado ante una sala de académicos, Baldwin expone la venganza tomada por el “héroe blanco americano” en contra de las poblaciones minoritarias. Habla de su propia experiencia dentro de este proceso al relacionarse con los personajes nativos americanos en una estereotipada western: “Viene como una gran conmoción descubrir que la bandera a la cual le has prometido lealtad no te ha prometido lealtad a ti”, él insiste, “viene como un gran sobresalto ver a Gary Cooper matar a los indios y, aunque quieres que Gary Cooper gane, pensar que los indios son tú.”

El “héroe blanco americano” en contra de las poblaciones minoritarias.

El “héroe blanco americano” en contra de las poblaciones minoritarias.

Basado en el manuscrito inconcluso de James Baldwin “Recuerda esta casa” y dirigido por el cineasta y activista haitiano Raoul Peck, No soy tu negro cumple con su promesa de llevar a sus espectadores a un viaje lleno de sorprendentes descubrimientos. Con la narración del manuscrito proporcionado por el actor Samuel L. Jackson, Baldwin detalla sus reflexiones sobre el movimiento de los derechos civiles estadounidenses y, en particular, sobre las vidas y asesinatos de tres de sus más famosos líderes: Martin Luther King Jr., Malcolm X y Medgar Evers.

Baldwin reflexiona sobre el movimiento de los derechos civiles estadounidenses.

Baldwin reflexiona sobre el movimiento de los derechos civiles estadounidenses.

Más notablemente, la película usa imágenes contrastantes para enfatizar la diferencia de perspectiva entre las vidas de ciudadanos negros y blancos en Estados Unidos. Sin previo aviso, una escena de una rubia Doris Day en Hollywood de los años 50 puede ser reemplazada por una serie de fotos que representan los linchamientos brutales de los hombres negros en la misma década. Este método es excepcionalmente eficaz para permitir que el espectador experimente las emociones encontradas tanto de los perseguidos como de los perseguidores durante el movimiento por los derechos civiles: los hombres cuelgan de los árboles, las lenguas caen de los rostros golpeados más allá del reconocimiento, mientras tanto el público mantiene en su imaginario a Doris Day sonriéndoles desde su cocina de película.

No soy tu negro es un recordatorio de que “La historia no es el pasado, es el presente”.

Las imágenes recurrentes de masas de estadounidenses blancos que llevan armas y símbolos nazis difuminan la línea entre lo que es Little Rock, Arkansas, en 1959 o Los Angeles, California, en 1990, o Ferguson, Missouri, en 2014. Mientras que los espectadores son inexplicablemente movidos por la cobertura de los asesinatos de Malcolm X o de Martin Luther King Jr. durante la película, tal vez lo más sorprendente es el efecto obtenido cuando se presentan a continuación las caras sonrientes de un recién elegido Barack Obama con su esposa, Michelle. Saludan a una América inspirada unos 40 años después, felizmente inconscientes del resurgimiento del nacionalismo blanco que seguirá a su gobierno y que brinda relevancia moderna y urgencia a las palabras escritas por Baldwin hace más de 30 años.

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