Arte

Las historias que importan

Reseña de El concurso

Por Yreri Aguirre Palomé

2 may 2017

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Claire Simon nos abre las puertas al proceso de selección de La Fémis, considerada una de las mejores escuelas de cine en el mundo, para ver de una manera objetiva e imparcial todas las partes del concurso por las que los aspirantes tienen que pasar para ingresar al aclamado colegio.

Acompañamos a todos los jóvenes deseosos de convertirse en cineastas desde que van a registrarse al examen hasta que les toman la foto de generación. El camino empieza con un montaje que los presenta en igualdad de oportunidades, siendo el proceso el protagonista y no alguno de los solicitantes.

Una de las etapas para entrar a La Fémis.

Conforme avanzan las etapas nos vamos dando cuenta de dos cosas: la directora nos va a mostrar todas las partes del proceso. Gracias a su ojo, testigo silencioso que sabe dónde poner su cámara para poder ver todo sin intervenir en nada y deja que la realidad hable por sí misma, podremos observar ese proceso, entre sus contradicciones, su burocracia, sus prejuicios, sus imposiciones de cuotas de diversidad y su lucidez.

La cámara de Claire Simon nos da acceso a todo el procedimiento, desde los aspirantes hasta los que deciden quiénes entran. Esto resulta en una de los elementos más sabrosos de observar en el documental, porque puedes entrar a una realidad que ni siquiera los aspirantes tienen la oportunidad de presenciar. Estamos ahí, como uno más de los afortunados en escuchar por qué cada candidato debería o no entrar.

Aspirante preparándose.

Podemos ver cómo La Fémis hace una distinción entre los que forman a los estudiantes y los que seleccionan a los estudiantes, conformados estos últimos por integrantes activos de la industria cinematográfica sin una necesaria relación con la docencia. Accediendo a todas estas ventanas se percibe una transparencia ante el registro del proceso y en el proceso mismo.

Nos deja ver una verdad de los exámenes, no importa que acabes de decir:

Quiero ser cineasta y no político, porque la política está corrupta hasta la médula pero es posible cambiar al mundo con el cine porque es más fácil hacer llegar tus ideas con imágenes,

si no puedes contestar a la pregunta que a varios nos deja en blanco en momentos de nerviosismo (¿qué películas te gustan?), das una mala impresión y dejas a todos discutiendo sobre por qué no pudiste mencionar ni una.

Esto nos lleva a otra realidad, las personas pasan a ser candidatos, los candidatos representan un número, y son expuestos en todos los procesos del examen y calificados con adjetivos como banal, mediocre, ingenuo, mimado, inconsistente, auténtico, con potencial. Todos son valorados a través de sus historias, porque al final las historias son lo que importa, no las personas que las cuentan, incluso desde antes de ser cineastas. Argumentos como “darles una oportunidad de ingresar aunque no vengan de este ambiente”, “no negarle la admisión a alguien con potencial sólo porque no nos cae bien” y “tener en cuenta que algunas personas escriben porque no saben hablar” son algunos de los que están presentes en el momento en que los alumnos son seleccionados.

Integrantes del comité seleccionador.

Claire Simon consigue capturar la esencia del proceso de admisión a La Fémis, mostrando una realidad generalmente comentada pero usualmente inaccesible de la selección de la élite en los estudiantes de cine y evocando una réplica a nivel internacional de otras escuelas del séptimo arte.

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