Familia

¿No es esto un nuevo principio?

Reseña de Hermanos

Por Hayde Corona

12 may 2017

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¿Qué momentos recordamos de nuestra existencia? ¿Y de nuestra infancia? Muchos no estamos seguros de lo que hacíamos antes de los cuatro años, algunos de nuestros recuerdos más nítidos son gracias a fotos y videos. Sin ellos, ¿nos acordaríamos?

Aslaug Holm, directora de Hermanos, esperó cual cazadora obsesionada con Moby Dickpara capturar los momentos clave en la vida de Lukas y Markus, sus hijos, desde que tenían cinco y ocho años respectivamente hasta casi una década después. Pero esos instantes decisivos se dan dentro de un microuniverso y los detalles lo son todo, pues para la directora estamos hechos desde el momento en el que nacemos.

Identificarse con los cazadores es natural para Holm porque su abuelo era un cazador de ballenas. El mar siempre estuvo presente en los de su sangre, le recuerda de dónde viene. Y quizá su obsesión con documentar la vida familiar se debe a que ella se vio unos segundos en una grabación de su abuelo y se dio cuenta de que ese momento la inmortaliza.

“Quieres que yo te recuerde cuando mueras”, le dice uno de sus hijos, esa es la razón que él da para tener que soportar todo ese tiempo frente a una cámara. Y el hartazgo se hace evidente, sobre todo durante la pubertad y la adolescencia. A la realizadora no le intimida mostrar cómo la cámara complicaba la relación familiar, sin embargo, ella nunca sintió el hastío.

Los encuadres son bellísimos y el misticismo de un país nórdico como Noruega sólo embelesa cada toma con sus paisajes tan naturales, tan puros y románticos. El amor está presente en todo momento: amor al cine, a la familia, a las raíces, a la vida.

Quizá lo más bello de la infancia es que tenemos todo el futuro por delante, y nuestros sueños y metas pueden variar. Así como Markus desea jugar fútbol en el equipo de Liverpool o convertirse en un rockstar como Billie Joe Armstrong, de Green Day.

Vemos a los hermanos en los buenos momentos, en lo adorable, cuando toman sus roles de quién es el mayor y quién el menor, cuando se apoyan y se retan, cuando hay rabietas, miedo, cuando es bueno tener un hermano porque “así no estás solo” y cuando no.

Y de pronto, después de ocho años, la película casera terminó. Los mejores días se han ido, el fin de una era ha llegado. Para Aslaug fue difícil separarse de la cámara y no duda en darlo a conocer. Pero, ¿no es esto un nuevo principio?

“No me hagas todas esas preguntas existenciales”, le dice Lukas. ¿Y por qué no hacerlas? Suenan a cliché, pero todos lo hemos pensado y a través de un universo muy distinto, también vemos nuestra vida. Porque al final de eso se trata. Y de eso va la película.

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