Género

(In)justicia, feminicidios y una tragedia personal

Entrevista con la directora del documental No quiero decir adiós

Por Hayde Corona

11 jul 2017

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Como parte del nuevo formato de Ambulante Presenta se ofrece la oportunidad a todos los interesados de exhibir películas que desenredan temáticas sociales como el sistema de justicia penal en México. Una de ellas es No quiero decir adiós, un íntimo caso donde la directora nos hace testigos de una tragedia familiar. Su vida y la de su tía doña Olga, madre de Ana Laura, cambian después de que una noche su prima no regresa a casa.

Cuando nos arrebatan la vida de un ser querido es complicado poder decirle adiós, más cuando sabemos quiénes son los responsables y ellos quedan impunes. Historias como la de Ana Laura suceden todo el tiempo en el país, tristemente, se trata incluso de algo global. Platicamos con la directora del documental, quien también formó parte de la primera generación de estudiantes de Ambulante Más Allá, Ana Isabel Ramírez Guadarrama, sobre la (in)justicia, los feminicidios y la fuerza para denunciar algo tan personal.

Han pasado varios años desde la realización del documental. ¿Hay alguna novedad sobre el caso? ¿Qué tanto han avanzado ustedes en su investigación?

El caso está cerrado y ya no hubo avances. Hasta un año después del documental mi tía estuvo buscando alternativas y apoyo para poder reabrir el caso pero, como es obvio, la justicia en Chiapas y en México no existe para las mujeres. Ella finalmente abandonó la lucha y retomó su vida. Hoy sabemos que el presunto asesino tiene un cargo más alto del que tenía cuando asesinaron a Ana Laura.

Para las mujeres asesinadas no hay justicia, pero sí se premia a los asesinos. El caso de mi prima Ana Laura es sólo uno más que se va a quedar en la impunidad”.

Los feminicidios han seguido aumentando, pero parece que la gente también ha tomado más conciencia y, como ustedes, buscan justicia. ¿Cuál es su percepción sobre esto?

Sí hay más conciencia, sobre todo aquí en San Cristóbal porque la gente está más enterada y se “preocupa” un poco más que antes. Sin embargo, también es muy obvio que las que siguen luchando contra los feminicidios son las mujeres, y son las mismas de siempre. Parece que la sociedad sigue esperando a que les pase para unirse a la búsqueda de justicia. El sistema de justicia es el mismo que el de hace años, la misma corrupción, complicidad y falta de interés por cumplir con las leyes. Existe una alerta de género en cinco municipios del estado y se niegan a aplicarla. Esto trae consigo que más mujeres sean asesinadas y olvidadas.

El proceso de edición fue complejo y hubo varios cortes antes de concluir con el definitivo. ¿En qué momento decidiste usar sólo tus testimonios y los de Doña Olga?

En un principio pensé en que mi tía, la abogada y especialistas hablaran del caso de Ana Laura, pero después del primer corte nos dimos cuenta de que era un trabajo ajeno, lleno de palabras muy rebuscadas y que no veíamos a Ana Laura, se perdía entre las palabras y los testimonios de especialistas. Pensé entonces: ¿quién quiere contar la historia?, ¿por qué quiero contarla? A partir de estas preguntas y de los recuerdos de mi infancia al lado de mi prima, decidimos que yo sería una especie de personaje subjetivo, para poder acompañar de manera paralela el testimonio de mi tía. Finalmente ambas habíamos vivido la perdida de Ana Laura y me pareció más interesante que lo contáramos nosotras, desde el dolor, el amor y los recuerdos que tenemos. Al final se hicieron cinco cortes, y a partir del tercero, No quiero decir adiós fue tomando la estructura que tiene.

¿Qué tan difícil fue denunciar algo que afectaba directamente a tu familia?

Fue difícil. Debíamos recordar lo que había pasado, de alguna manera las heridas se volvieron a abrir y la tristeza seguía, más fuerte. Además, implicaba hablar de un funcionario público, una persona influyente que podía tomar represalias. También estábamos evidenciando la falta de capacidad de las autoridades en un proceso como este. Todo esto nos situaba en un lugar vulnerable, sobre todo a mi tía y a mí.

Sin embargo fue importante recordarle a las autoridades, a la sociedad y a mi familia que Ana Laura había sido asesinada y estaba esperando justicia”.

Había que mostrar quién era, ponerle un rostro, un nombre a los asesinos, y sobre todo nombrar y conocer la historia de mi prima, verla físicamente para que se dieran cuenta de que a pesar de los años no habíamos olvidado. Ni olvidaremos.

¿Cómo fue la dinámica de trabajo con tus compañeros de Ambulante Más Allá en un caso tan personal?

Tuve la fortuna de conocer al equipo durante la formación de Ambulante Más Allá. Mientras presentaba mi propuesta, yo ya sabía a quién quería en mi equipo, sobre todo por el interés que presentaban hacia mi proyecto, y por el acercamiento que fuimos teniendo durante la formación. Fue muy importante que mi tía Olga los conociera uno a uno para que ellos y ellas fueran sintiéndose parte de la historia. Una vez que mi proyecto fue seleccionado, yo le dije: “ A partir de este momento, ya no es mi proyecto, es nuestro proyecto”. Todos mostraron siempre mucho respeto, empatía y solidaridad con mi tía y conmigo. Puedo decir que a pesar de ciertas diferencias el equipo funcionó muy bien. Es una historia contada con el corazón, una historia que no victimiza, sino que rescata y nombra a Ana Laura.

¿Qué opinión te merece el cine como herramienta de denuncia ante las deficiencias del sistema penal mexicano?

Me parece que el cine documental ha sido una pieza fundamental para poder mostrar, evidenciar, nombrar y reflexionar. Nos mueve y nos muestra aquello a lo que somos ajenos, nos presenta realidades, nos provoca empatía y solidaridad con los demás. Es una herramienta para visibilizar y empoderar, tanto a los realizadores y realizadoras, como a los personajes que nos dejan contar su historia. Para mí el documental son historias nuestras, vividas o no, pero contadas con el corazón.

¿Qué otras acciones recomendarías para favorecer que se haga justicia?

Podría ser la capacitación a los servidores públicos en perspectiva de género y violencia contra las mujeres. Un cambio radical de personal y de autoridades actuales.

¿Estás trabajando en algún otro caso similar actualmente?

Por cuestiones físicas y emocionales he dejado de involucrarme en casos de feminicidios. Estuve trabajando una nueva historia, pero decidí parar y retomarlo después. Pero sigo trabajando con mujeres. Ahora estoy escribiendo dos propuestas: “Trabajadoras del hogar en los Altos de Chiapas” y “Afrodescendencia y diversidad sexual”. Ambas están en proceso de escritura y buscando financiamiento.

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