Conflictos sociales

El ABC de la violencia. Entrevista con Lucía Gajá

Por Ambulante

16 nov 2017

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Existen tantos patrones en la forma en que la violencia doméstica nace y se expande que podría diseñarse un manual básico sobre la agresión, el cual aplicaría para diversos casos alrededor del mundo, incluso dentro del contexto particular de cada uno. Al menos así lo identificó Lucía Gajá, directora de Batallas íntimas, durante el rodaje de este documental mexicano que narra los caminos de resiliencia y reinvención de mujeres que sobrevivieron a la violencia en su hogar en España, Estados Unidos, Finlandia, India y México.

En entrevista con Ambulante, Lucía Gajá detalla parte de los procesos y aprendizajes que surgieron en los cinco años de filmación de Batallas íntimas, y señala la responsabilidad de cada sector de la sociedad para erradicar de manera definitiva este problema que aqueja a casi el 70% de las mujeres del mundo, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud. Sus palabras invitan a reflexionar sobre la proximidad que podemos sentir ante un caso de violencia doméstica y la magnitud de nuestros actos al momento de detenerla.

¿Cuál fue el proceso para encontrar a las protagonistas de Batallas íntimas?

Primero pensé que sería difícil encontrar mujeres que quisieran hablar sobre su experiencia con la violencia doméstica. El proceso para encontrar todos los casos fue paulatino, pero una vez que identifiqué los lugares donde había asociaciones o refugios que podían ayudarme a encontrar mujeres que quisieran hablar conmigo, todo fue más sencillo. Varias de las mujeres con las que hablé prefirieron reservar su experiencia, pero otras sí lo contaron todo, y una vez que el diálogo comenzaba, de manera casi inmediata la confianza y la libre expresión aparecían y así podían narrar lo que habían vivido.

¿Qué animó a las mujeres a expresarse?

Aquí hay dos motivos: por un lado, el poder contar su propia historia, y por otro, el saber que a partir de su testimonio otras mujeres que estuvieran en la misma situación o en riesgo de estarlo reconocieran que sí hay otros caminos y otras formas de vida y que no deben resignarse. Siento que para ellas fue un canal importante para comunicar y compartir con la gente lo que les había sucedido.

¿Por qué elegiste mujeres de lugares del mundo tan distantes?

Empecé a filmar una vez que me acercaba a los lugares y conocía a las mujeres a las cuales iba a entrevistar, entonces me importaba mucho saber si existían similitudes en la forma en que ellas habían vivido la violencia, ya sea por la manera en que se ejercía contra ellas o por el proceso que vivía cada una como consecuencia de lo mismo. Por eso lo que hace Batallas íntimas es hablar de la violencia doméstica no sólo en México ni en un país que no es primermundista, sino que vuelve a este asunto una cuestión global que no depende de clase social, país, religión, raza ni nivel socioeconómico, sino que ocurre en todos lados.

Eso fue lo que descubrí durante todas las entrevistas que hice –incluso mediante otros materiales que no aparecen en la película y con hombres y mujeres que se dedican a trabajar con el tema–; la violencia no hace distinciones y ocurre de igual manera en todos lados. Quizá el motor que detona la violencia puede ser distinto, por ejemplo, en algunos países se relaciona con un mayor consumo de alcohol o con largas temporadas de frío o calor, pero la raíz y la manera en que se extiende una conducta violenta es la misma. Hay un proceso en el cual la violencia se gesta de manera psicológica y avanza hasta lo físico, así como a las amenazas de muerte. Al menos en todos los países en los que estuve trabajando el documental encontré patrones que me impresionaron pues, al terminar la investigación de campo durante el rodaje de cinco años, era como si existiera un manual del ABC de cómo violentar.

¿Cómo lograste evitar el amarillismo en tu película?

Fue difícil porque precisamente no quería hacer una película que fuera chantajista o que propusiera que era mejor evitar el matrimonio o tener pareja, ni siquiera quería que señalara a los hombres como culpables. Lo que quería era exponer el tema desde un lugar donde el testimonio fuera lo suficientemente fuerte como para transmitir la violencia que las mujeres habían sufrido. Por eso decidí desde el inicio que no incluiría fotografías de las mujeres golpeadas, aunque las hubiera tenido, sino que quería conseguir una película bonita y amorosa sobre un tema tan terrible como es la violencia doméstica. Por eso Marc Bellver –el fotógrafo– y yo trabajamos en encontrar el lenguaje que expresara lo que somos como sociedad y como país y así lograr que las mujeres protagonistas transmitieran mediante su dolor lo que habían vivido.

Esto beneficia que el espectador pueda trascender lo directo que es lo visual y llegar a lo visceral, al golpe más fuerte, mediante los recuerdos en las vivencias narradas que, aunque no hayamos vivido en carne propia, somos capaces de sentir. Fue complicado lograrlo, por eso nos tardamos dos años editando. Quise hacer una película equilibrada con prioridad en el testimonio y apenas ahora con las funciones y el diálogo descubro que el tema sí está funcionando como lo deseaba: no como una película chantajista ni amarillista, sino amorosa.

¿Qué te gustaría que el espectador se llevara a casa tras ver Batallas íntimas?

Una reflexión sobre la manera en que cada quien vive su vida amorosa y su vida con la gente que lo rodea. También sobre cómo nos conformarnos como sociedad para reconocer que si todos y todas decidimos tomar parte en este gran problema que es la violencia doméstica podemos lograr cambios. Tenemos que dejar de voltear la cara cuando sabemos que alguien está en una situación así. La educación de los niños, los adolescentes y los adultos también es fundamental para que esto deje de pasar. Debemos replantear nuestras formas de convivencia con la gente que queremos y salir de los estándares y ejemplos que nos han dictado cómo deben ser las relaciones para replantear nuestros vínculos.

De igual forma, hay mucho que hacer desde la política y la sociedad para que este problema no se normalice como se hace. Sin duda mucha gente está trabajando y luchando para que la violencia doméstica desaparezca, pero todavía falta muchísimo por hacer. Por eso espero que Batallas íntimas contribuya a esta reflexión.

“Batallas íntimas”, de Lucía Gajá

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