Justicia

Nos siguen faltando 43

Reseña de Ayotzinapa, el paso de la tortuga

Por Ma. Cristina Alemán

21 mar 2018

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¿Por qué seguir hablando (escribiendo, filmando, pintando) sobre Ayotzinapa? La desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos –y la tortura y asesinato de tres de ellos– sucedió el 26 de septiembre de 2014, ¿no es momento ya de dejarlo ir?, ¿de “superar el dolor” como nos pidió el Presidente de México apenas dos meses después de los hechos? El documental Ayotzinapa, el paso de la tortuga (dir. Enrique García Meza) nos despierta de la indiferencia que se ha ido instalando con el tiempo y nos recuerda que de ninguna manera debemos ignorar lo que sucedió en Ayotzinapa. Que ha habido muchos más muertos desde entonces, que este tipo de cosas siempre han pasado en nuestro país, que el crimen organizado estuvo involucrado, que ya pasó mucho tiempo… todas esas son razones para seguir exigiendo justicia, no para abandonar la lucha.

A través de testimonios de normalistas, de familiares de las víctimas, de periodistas, de investigadores, y de material de archivo, Ayotzinapa, el paso de la tortuga presenta al espectador las distintas dimensiones del evento. Comienza por destacar el papel de las escuelas normales rurales en la educación de las comunidades más marginadas de México. Esto, en un país como el nuestro en donde reinan la corrupción y la desigualdad, es necesariamente un acto político. Bien lo dice una de las paredes de la Escuela Normal de Ayotzinapa: “Porque un pueblo que no sabe leer ni escribir es un pueblo fácil de engañar”. Los estudiantes desaparecidos en 2014 se dirigían a la Ciudad de México a una marcha conmemorativa de la matanza de Tlatelolco; en 2018, a 50 años del movimiento estudiantil, ambos eventos cobran una relevancia dolorosa. El 2 de octubre no se olvida y el 26 de septiembre tampoco, porque los estudiantes siguen siendo una fuerza de resistencia en el país y, por lo mismo, víctimas de la violencia perpetrada por el Estado.

El 2 de octubre no se olvida y el 26 de septiembre tampoco.

El 2 de octubre no se olvida y el 26 de septiembre tampoco.

Ayotzinapa, el paso de la tortuga no es un folleto propagandístico ni un reclamo visceral al Gobierno, es un documental que observa la realidad y sustenta sus argumentos. Explora cuidadosamente los los eventos del 26 de septiembre: ilustrando los testimonios de los sobrevivientes con mapas del recorrido de los cinco camiones en Iguala y con videos tomados de sus celulares. El documental también muestra los resultados de las investigaciones oficiales y, casi sin esfuerzo, expone sus obvias (y descaradas) contradicciones. Toda esta información es complementada con explicaciones de investigadores independientes y con declaraciones de periodistas, como Anabel Hernández, especializados en estudiar los nexos entre el Gobierno y el crimen organizado. La evidencia de lo que pasó está ahí, disponible para los que duden de “la verdad histórica” y también para aquellos que se la sigan creyendo.

Pero tal vez la mayor fuerza de Ayotzinapa, el paso de la tortuga reside en que es un llamado a la empatía y a la solidaridad.

El documental le brinda un rostro a las escalofriantes estadísticas de desaparecidos y asesinados en México. Una madre llora desconsolada porque ha esperado noticias de su hijo desde hace casi cuatro años; un padre asegura con rabia que daría su vida con tal de encontrar a su familiar; y una esposa relata cómo se dio cuenta que ese cuerpo al que le habían arrancado la cara era el de su esposo. ¿Por qué seguir hablando de Ayotzinapa? Porque mientras las cosas sigan igual, la desaparición (o el asesinato) de un ser querido puede pasarle a cualquiera de nosotros. Porque nosotros mismos podemos ser los siguientes desaparecidos. Porque, aunque nos “libremos” de una tragedia así, habrá quien no corra con tanta suerte. Y eso no es justo.

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