Género

Las mujeres podemos ser lo que queramos

Por Norahenid Morales

14 mar 2019

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Reseña de Bad Reputation

Recuerdo a la perfección los primeros minutos de The Runaways (2010). Joan Jett (Kristen Steward) está en una tienda con ropa de moda, mirando las chamarras de cuero, en la sección de hombres, cargando una bolsa de plástico repleta de monedas. Se acerca a la dependienta, quien la ha estado molestando, mira al novio de la chica y dice “quiero lo que él tiene puesto”. Enfundada en un atuendo completo de cuero, sale corriendo por las calles de California con la canción “Wild One” de Suzi Quatro, de fondo. El mítico inicio de la canción describe a Joan Jett de principio a fin: “All my life I wanted to be somebody and here I am!”

Quise que ese inicio fuera el de mi vida. Con tan sólo catorce años fui a una tienda y me compré mi primera chamarra de cuero. Para mí, el cuero y Joan Jett van de la mano de mi descubrimiento personal, y sobre todo, de entender que las mujeres podemos ser lo que queramos, e incluso, es un deber.

A Joan Jett (Estados Unidos, 1958) podríamos describirla como la mujer que no les abrió la puerta del rock a las mujeres, sino que tomó un mazo y destruyó toda la pared, como bien dice uno de los comentarios del documental Bad Reputation (2018) del director Kevin Kerslake.

Aunque esta biopic no innova mucho a este tipo de documentales, es un acercamiento certero a la vida de una de las mujeres más importantes del rock, de la música y del feminismo. Es una de las demostraciones fehacientes de que una mujer, aunque triste, tiene que luchar el doble por lograr sus sueños. Algo así como lo describe la propia Joan:

En mi casa me enseñaron que podía ser lo que quisiera, y lo creí hasta que empecé a vivir el mundo y me encontré con este techo de cristal”.

Si pudiera describir Bad Reputation en pocas palabras, diría que es la historia de una mujer que nunca ha dejado de pelear por hacer lo que quiera. Su vida entera ha sido una bofetada a los hombres que le rompieron una costilla con una batería, y le tronaron una botella de cerveza en la cabeza, todo en sus inicios cuando decidió que su vida era el rock & roll.

Aunque tuvo problemas del tamaño de una infección en el corazón que casi le arranca la vida, una consecuencia de la depresión que conllevó chocar contra el techo de cristal, ella lo describe así:

Estaba enojada. No sabía cómo darle sentido a un mundo que hacía mierda a una mujer por tocar la guitarra”. El único sentido que siempre hubo para ella fue la música.

Nunca encontró la razón para rendirse, muy a pesar del desprecio que el mundo creía que merecía por ser sexual cuando ella lo decidiera, así como los problemas con la industria musical que nunca terminó de confiar en ella, o el miedo que significó el feminicidio de su amiga Mia Zapata, una de las líderes del movimiento Riot Grrrl.

A pesar de estos estos problemas de una vida, en 2015, Joan Jett entró oficialmente al Salón de la Fama, formando parte de ese pequeñísimo grupo de mujeres reconocidas en este lugar.

Claro que si Joan Jett hubiera transcurrido toda una vida sólo buscando la fama y el dinero, poco habría hecho, como lo explican a lo largo de los 93 minutos del documental, su única motivación ha sido la música y hacerse escuchar. La meta era incluso más grande que ella y por eso, aunque hasta los 57 años llegó al Salón de la Fama, poco importa ya que siempre formó parte importantísima de todos los rockeros de corazón, de las bandas después de ella que miran con admiración a The Runaways y Joan Jett & The Blackhearts.

Joan Jett es una figura que vale la pena admirar, que te pone la mano en el hombro y te dice “no importa lo que digan las personas de ti, las mujeres podemos ser lo que queramos”.

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