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Culturas y pueblos ancestrales

Privilegiar lo humano en una lucha de poder

Entrevista a Janet Jarman, directora de Birth Wars.

Por Sabina Orozco

7 may 2020

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Birth Wars presenta dos formas de nacer: una por medio de la partería tradicional y otra en los hospitales. Su directora, Janet Jarman, cuenta con una larga trayectoria en el fotoperiodismo y la dirección cinematográfica. Desde hace años reside en México. Este documental, filmado en el mismo país, apela a una urgente necesidad de humanización.

Además de las dos visiones distintas a nivel cultural, social y ético, ¿qué discrepancias y dificultades encontraste en el rodaje, en el ámbito técnico y de relación con las personas filmadas?

El reto principal en los dos casos fue el acceso a las comunidades y los hospitales. Ese proceso tomó años en cuanto a la creación de relaciones de confianza. Tenía claro que la visión del documental no podía ser completada si no entraba también a los hospitales para hablar con el personal de salud y filmar el contraste con los nacimientos mediados por parteras tradicionales. Como en cualquier relación era importante dar tiempo, respeto y sinceridad. Las personas entienden que se quiere escuchar y contar su historia, sus puntos de vista, sus desafíos. En la cuestión técnica y del equipo, debo decir que vengo del fotoperiodismo y he hecho cine por algunos años. A veces he tenido que acostumbrarme a una cámara fija con la que puedes entrar y ser más discreta. Pensé que al desarrollar esta historia en cine debía tener menos gente en situaciones tan íntimas. Estaba muy comprometida con el sonido, así que la sonidista formó parte del equipo de filmación. Debíamos respetar el espacio para que todo saliera muy bien, no interrumpir nada de la esencia de la escena, tratar de minimizar nuestro impacto. La gente tiene que olvidar tu presencia. Mi objetivo es lograr eso,  grabar  y acercar la realidad.

 

Birth Wars refiere a la lucha de poder entre médicos y parteras, pero también has abordado las divisiones en otros ámbitos: las líneas fronterizas o quienes se encuentran a favor o en contra del riego con aguas negras,  ¿de dónde nace ese interés?

Un patrón en mi trabajo ha sido el sistema de poder. En esta historia me di cuenta de que no es diferente. El acceso al agua, la inmigración, la salud pública y los derechos de la mujer hacia sus propias decisiones tienen que ver con un sistema de poder. Al final casi todo en la vida trata de eso. Quería hacer este documental porque en este sistema las mujeres muchas veces no pueden tener dignidad durante su parto ni derecho a elegir cómo quieren tenerlo. Quería hacer algo para invitar a la reflexión en este sistema de atención médica que parece roto e injusto.

 

¿Cómo se formó tu equipo?

Empecé a investigar cómo desarrollar un equipo que se adecuara a esas situaciones tan íntimas en la vida de las mujeres. Encontré personas muy comprometidas y profesionales. A veces trabajamos en lugares inseguros, necesitaba gente muy discreta, dedicada, que confiara en mí y mi forma de trabajar. Todo el equipo de filmación se formó por mexicanas y yo tengo mucho tiempo aquí, creíamos en el mismo objetivo. Estoy muy agradecida con ellas.

 

Aunque los partos y las cirugías involucran la intervención del cuerpo, en el documental no había escenas donde se viera mucha sangre u otro elemento de sobreexposición. Además del respeto a las mujeres, ¿que te llevó a seleccionar ciertas tomas o a descartarlas  durante los nacimientos?

Trataba de mostrar cosas que se necesitan cambiar, tenía que mostrar el problema pero en ningún momento quería exponer a una mujer como no quisiera ser expuesta yo. Quería ser muy discreta en ese sentido. No siempre tienes que mostrar lo más gráfico porque la historia no es solo eso, son los momentos alrededor.

 

En el proceso de filmación, ¿quiénes estuvieron involucrados para mediar entre ustedes y los integrantes de la comunidad cuando no hablaban la misma lengua?

Lidia Gómez fue mi intérprete para relacionarme con hablantes de tseltal, en Chiapas. Es de allá y fue una maravilla trabajar con ella porque como intérprete tienes que estar no solo en la cabeza del otro sino en su corazón, tienes que poder transmitir las emociones. No es fácil encontrar a alguien que pueda hacer eso y Lidia lo hizo.

 

Uno de los puntos que expone el documental es el hecho de que en numerosos hospitales no se habla la lengua de las mujeres atendidas. Eso suele dar pie a la violencia obstétrica.

El idioma lo es todo. En los hospitales muchas veces no tenían quien tradujera. He vivido en otros países donde no hablaba bien el idioma, como en Japón, y en esa situación una es muy vulnerable. En un hospital, sobre todo al parir, te colocan en una de las situaciones más vulnerables de tu vida y una cosa que suena tan sencilla como la traducción hace la diferencia. En otros hospitales tenían parteras profesionales egresadas de la escuela de Tlapa que podían hablar el idioma de las mujeres si eran de pueblos originarios. La comunicación permite resolver los problemas. Comunicar lo es todo, en cualquier ámbito de la vida.

 

Sabina Orozco (Oaxaca, 1993). Estudió Letras Hispánicas en la UAM. Ha publicado textos críticos y de ficción en medios como Este PaísTierra AdentroMilenio y Punto de Partida. Fue becaria en la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de Narrativa.

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