Retiro: Afectos para entender la diferencia

Por Claudia Lizardo

2 jun 2022

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Entre la tensión y la incomodidad; ese es el lugar emocional que Daniela Alatorre transita con su ópera prima Retiro, una película que nos lleva al interior de un retiro religioso en el Santuario de Atotonilco, en el estado de Guanajuato y en las vidas de Marina, Zoila y Perla. A ellas las conocemos en sus roles de abuela, madre e hija respectivamente, pero aún más importante: en sus roles como mujeres.

Galardonado con el Premio Ambulante en el Festival de Cine de Morelia de 2019, el documental arranca su circuito comercial con la intención central de potenciar conversaciones en torno a la experiencia femenina en el campo, los saberes ancestrales y la labor de cuidados.

En la presente entrevista hablamos con Daniela Alatorre, directora del documental, y con Perla, protagonista del mismo.

 

Perla, ¿cómo te percibes hoy en comparación con la Perla en Retiro?

 

Perla: Como ahora, me veo muy feliz, creciendo y cumpliendo todas las metas que me había propuesto desde que tenía quince años. Sigo conservando esa esencia que siempre he tenido y que me gusta de mí: riendo, bailando, haciendo y hoy terminando mi carrera en Psicología. Así sigo.

 

En la película hablas de las diferencias que notabas entre mujeres y hombres, ¿cómo sientes que ha cambiado tu percepción acerca de las mujeres desde ese momento?

 

Perla: Ahora entiendo que no todas nos desarrollamos en el mismo contexto, no todas tenemos la misma esencia y lo veo muy claro con mi hermana. Viéndola a veces siento que soy frágil porque la percibo casi revolucionada, con mucha energía, con mucha fuerza, pero luego entiendo que no se trata de eso. No es que seamos frágiles o no, tiene que ver con nuestra personalidad y aunque seamos mujeres tenemos esencias muy diferentes.

 

¿Cómo es posible reconciliar valores entre las generaciones de una familia como la que vemos en la película?

 

Perla: Creo que vamos a ir tomando lo que más nos agrade de las personas. De mi abuela, por ejemplo, rescato los conocimientos que tiene en la cocina y de ahí puedo tomar muchas cosas. Pero tal vez no tomaría tantas cosas de la forma de educar a los hijos, porque a pesar de que es abierta, sigue siendo muy tradicional. Es decir, siento que vamos rescatando lo que más nos vaya resonando sin romper los lazos que tenemos y las costumbres y sabiduría que traen esas generaciones, porque al mismo tiempo, si yo no las rescato como hija, se van a perder.

 

Daniela: Yo rescataría ese impulso de nuevas generaciones de reconocer que quieren ser diferentes, que quieren otras cosas y al mismo tiempo, entender que son quienes son por esas otras generaciones que les preceden. Las dos cosas coexisten y conviven aunque parezcan opuestas.

 

Mi película terminó siendo un homenaje no solo a la compañía femenina, sino también a las mamás y las abuelas de nuestra vida, porque al final también definen y atraviesan cómo nos pensamos como mujeres.

 

Daniela, te hiciste mamá poco antes de terminar Retiro. Viéndolo en retrospectiva, ¿cómo vinculas la película con tu propia maternidad?

 

Daniela: Pensando en ese homenaje a las madres y abuelas de nuestras vidas, una de las reflexiones con las que me quedo es que al final yo también voy a ser la compañía femenina de mis hijos. Y la compañía femenina no es solo entre mujeres, es para todos y para todas. Yo creo que esta película pone sobre la mesa muchas cosas sobre las que yo quiero reflexionar que tienen que ver con las maternidades, con el sistema de cuidado, con cómo nos cuidamos en la familia, con la crianza.

 

Hay algo muy subversivo al contar esta historia desde el afecto y desde la dulzura, que parecieran ser valores que pasan desapercibidos.

 

Daniela: Así es. Yo desde el principio sabía que mi relación con mis protagonistas estaba atravesada por el afecto, por lo cual nunca iba a tener una mirada objetiva con estos personajes ni con lo que estaba retratando. Finalmente tuve que aceptar que mi relación con ellas era una relación afectiva y que por lo tanto yo tenía primero que cuidar esa relación, con y sin la película, pero especialmente tomando en cuenta esto último, porque el territorio de los afectos es un espacio absolutamente privado y parte de lo que yo estaba documentando eran sus afectos y los míos.

 

Creo que al final tuve que luchar con mis propios prejuicios y constantemente recordarme que la voz de la película se escuchara a través de la experiencia de ellas y no necesariamente de la mía, ni de lo que yo opino o creo.

 

Después de todo, cada quien verá lo que quiere ver: en el retiro, en la convivencia, en el intercambio de afectos y de saberes, pero era la voz de ellas la que tenía que estar al centro, y mi postura como directora era poner al frente esa voz y permitir que atrás hubiera un espacio para que el espectador se reconociera, reflexionara y sintiera este retrato como uno afectuoso de estas mujeres a las que yo quiero profundamente.

 

La película te lleva a luchar contra la inercia de tu propio juicio, como persona espectadora estás constantemente intentando hacer este ejercicio que tú como realizadora tuviste que hacer todo el tiempo.

 

Daniela: La película que quise hacer era una que no huyera de los momentos incómodos, de la tensión, de la ambigüedad… En ningún momento quise hacer una película que diera respuestas, no quería sacar conclusiones. Lo que quería era mantenerme suficiente tiempo en el lugar donde se genera la tensión. Me parece que ese es un lugar muy poderoso para espejearnos, para reflexionar, para entendernos en nuestras diferencias.

 

Es muy tentador sacar conclusiones sobre lo que vemos en la película, sobre la fiesta de quince años, sobre la preparatoria, sobre los estudios, sobre la vida rural, sobre la religión. Retiro está llena de lugares comunes y yo quería ir a todos y tratar de entrarle a ese lugar común de ladito.

 

¿Cuál es la conversación que quisieras introducir o fortalecer en el feminismo a partir de Retiro?

 

Daniela: Para mí fue muy poderoso experimentar que la reflexión sobre lo que significa ser mujer es una que sucede en muchos grupos, en diferentes partes del país y que no es una reflexión exclusiva de las urbes o de los contextos académicos o intelectuales. Que este proceso de pensar sobre quiénes somos como mujeres y cuál es el deber ser al que nos estamos enfrentando es un proceso por el que pasamos todas independientemente de dónde vivamos o de si nos atraviesa la religiosidad o no.

 

Es una acción muy potente partir de los afectos para entender la diferencia. Yo tengo muchísimas y profundas diferencias con Marina y probablemente con Perla, pero sí es desde esa diferencia y en combinación con una relación afectiva que realmente quería indagar y tratar de entender de dónde venía la fortaleza y la sabiduría que tanto he admirado de estas mujeres.

 

¿Qué consejo le darías a un realizador que entra a un contexto como en el que estuviste en Retiro?

 

Daniela: La primera vez que entré al retiro recuerdo que Marina me dijo: “Mija, mi casa es tu casa, pero esta es la mía”. En esta especie de advertencia contundente como es ella, yo creo que de alguna manera me puso en mi lugar y me obligó a revisar constantemente cuál era ese lugar. Yo tenía desde el principio clarísimo que estaba en una posición de poder, primero por ser quien estaba detrás de la cámara y por mi relación con Marina –ella es quien cocinaba durante muchos años en la casa de fin de semana de mi padre–. Ese constante revisar desde dónde se está contando la historia es absolutamente fundamental para que también podamos tomar en cuenta nuestro propio contexto y nuestra perspectiva, pues el revisar desde dónde estamos mirando y cómo estamos contando las historias también nos ayuda a construirlas de manera más interesante.

 

Perla, si yo te pidiera que pensaras en chicas de 16, 17, 18 años, en amigas, primas, compañeras ¿cómo quisieras que se sintieran al salir de ver una película como Retiro?

 

Perla: Me encantaría que su perspectiva de vida no terminara en formar una familia, que no pienso que esté mal en lo absoluto, pero me gustaría que se dieran el tiempo para reflexionar sobre si eso es lo que quieren o si es algo que nos está marcando nuestro contexto. Realmente saber si les gustaría a esa corta edad tener una responsabilidad tan grande como formar una familia o dedicarse a pensar en ellas mismas y a hacer cosas por ellas mismas y que imaginen cómo se ven en su contexto.

 

Retiro puede verse en cines de la Ciudad de México, Colima, Cuernavaca, Estado de México, Guadalajara, Guanajuato, Monterrey, Querétaro, Tehuacán, Tepoztlán, Torreón, San Miguel de Allende y San Cristóbal de Las Casas.

 

Claudia Lizardo es egresada de la licenciatura en Estudios Liberales de la Universidad Metropolitana en Caracas, Venezuela. Se ha dedicado a la redacción creativa y al desarrollo de estrategias de contenido para radio, televisión y plataformas digitales y es cofundadora del proyecto de innovación periodística El Bus TV, en Venezuela. Actualmente es coordinadora de Comunicación en Ambulante.

 

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